domingo, 29 de mayo de 2011

La mayoría de los rusos lamenta la desaparición de la URSS: encuesta

29 de mayo de 2011. EFE.- La mayoría de los rusos extraña a la Unión Soviética. Una encuesta del prestigioso centro sociológico Levada reveló este lunes que 55% de los adultos del país lamenta la desaparición del bloque, ocurrida en 1991.

En otros grupos de edad las posturas son extremas: 83% de los mayores de 60 años se declara triste por la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), por sólo 17% de los jóvenes.

A 20 años de la caída del bloque, 53% de los rusos cree que ese hecho era evitable en tanto 32% piensa lo contrario, y más de la mitad cree que Rusia debe estrechar lazos con las otras 14 naciones que lo integraban.

Vladimir Putin, ex presidente y actual primer ministro ruso, dijo a mediados de diciembre que la desaparición de la URSS fue “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”.

“El que no lamente la desintegración de la URSS no tiene corazón, pero el que quiera su renacimiento no tiene cabeza”, añadió, al defender el camino que Rusia ha tomado desde entonces y en el cual él ha participado.

El bloque socialista, que durante la segunda mitad del siglo XX vivió unaGuerra Fría contra Estados Unidos, se vino abajo cuando su entonces dirigente Mijaíl Gorbachov inició reformas para abrir la política y la economía.

Según la encuesta, muchos rusos siguen culpando a Gorbachov de la caída de la URSS y se identifican más con la mano dura de Putin que con las ideas liberales del actual mandatario, Dmitri Medvédev.

“Nunca hubo democracia en nuestro país antes de 1991. Repito, nunca. Ni bajo el zar, ni durante la era soviética, ni en ninguna otra época. Es un proceso difícil”, afirmó Medvédev recientemente.

“La democracia es imposible en un país pobre (pero) el progreso de una economía moderna es imposible en condiciones de dictadura”, agregó.

El año pasado, Medvédev y su homólogo estadounidense, Barack Obama, promovieron un nuevo acuerdo para la reducción de sus arsenales nucleares, en un intento por iniciar una nueva etapa de relaciones entre ambos países.

En Conmemoración de la Victoria contra el Fascismo organizada por el PCFR asistieron más de 100.000 camaradas

29 de mayo de 2011. AG.- Este 9 de mayo el Partido Comunista de la Federación de Rusia, realizó una marcha y un mitin político en conmemoración del 66 aniversario de la victoria contra el fascismo. Hecho que liberó al mundo de una de las peores enfermedades que padeció.

La acción se llevó a cabo bajo el lema “Gloria al pueblo victorioso”, tuvo lugar en la Plaza Lubianka y asistieron 100.000 personas.

Entro otras figuras salientes, estuvo presente el líder de los comunistas rusos y soviéticos, Gennady Zyuganov, en su discurso, recordó que en la II Guerra Mundial, la victoria fue conseguida por el pueblo soviético y por el Ejército Rojo. “Sin embargo, en el discurso que el presidente Dimitry Medvedev dio durante el desfile en la Plaza Roja, de esto no se dijo ninguna palabra”. Expresó Ziuganov.

También denunció que el Gobierno está tratando de crear un “Frente Popular”. Pero esa idea, en opinión del líder del Partido Comunista, estalló como una pompa de jabón, pues los movimientos populares no se crean por órdenes de arriba. “Ellos son principalmente una reacción a la arbitrariedad de las autoridades”. Estableció el lider socialista ruso.

Política rusa: ¿Nostalgia o nueva dirección política?

29 de mayo de 2011. Eric Walberg.- Mientras Rusia se prepara para su temporada electoral de este invierno, el Frente Popular de Putin y el frente nacionalista de Rogozin tocan una antigua melodía soviética e incluso piden prestada una nota a los revolucionarios en El Cairo.

En la víspera del Día de la Victoria del 9 de mayo que celebra la derrota del fascismo, el primer ministro ruso Vladimir Putin causó sorpresa cuando anunció la formación de un “Frente Popular”. Estaba hablando en una conferencia de Rusia Unida en Stalingrado (perdón, Volgogrado). La extracción del armario histórico comunista de ese anacronismo previo a la Segunda Guerra Mundial tenía obviamente la intención de conjurar cálidas memorias de tiempos soviéticos de un pueblo que trabajaba junto en armonía para derrotar a un enemigo común.

¿Pero cuál es hoy el enemigo común? ¿Y tiene el partido político que gobierna Rusia un papel y un prestigio comparable al del Partido Comunista de antaño? ¿O se trata solo de otro intento de la nueva elite –después de deshacerse de un Yeltsin desacreditado a favor de un Putin de ojos de lince y luego agregar un Medvedev joven y perspicaz– de impedir que los rusos se vuelvan contra el duro orden neoliberal post-soviético?

No cabe duda de que la escena política rusa languidece. Los índices de aprobación de Putin, un 53%, son los más bajos en mucho tiempo. El presidente Dmitri Medvedev ya es considerado un funcionario saliente. Los comentaristas, sobre todo en Occidente, argumentan que el problema es que Rusia todavía es débil como sociedad civil, que necesita décadas para lograr el nivel de democracia, supuestamente más maduro, que disfruta Occidente, basándose en la suposición de que la sociedad civil no existía en absoluto en el socialismo, donde el Partido Comunista tenía el monopolio del poder político.

Sin embargo, el partido que ahora domina la política rusa, Rusia Unida, es mucho menos un partido populista auténtico que el Partido Comunista. Carece de toda ideología perceptible al rechazar a la izquierda y a la derecha a favor del “centrismo político” a fin de unir a todos los sectores de la sociedad, subrayando el pragmatismo. Como tal, es solo el vehículo para políticos que tratan de sacar tajada y de traficantes de influencias lo que, en vista del modelo económico post soviético basado en la mafia y la corrupción, significa que más de un 30% de los rusos lo perciben, con razón, como un “partido de pillos y ladrones”, según un sondeo Levada de abril. No muy diferente de los republicrats estadounidenses o del ahora prohibido Partido Nacional Democrático de Egipto. Esos expertos también descartan la única verdadera oposición, los comunistas, por no representar ideas “nuevas”.

Aunque es difícil que los rusos aprecien la perspectiva de otra revolución, la revolución de Egipto, que apunta a los personajes clave de la corrupción hasta en los puestos políticos más importantes, indudablemente provoca suspiros de aprobación en el antiguo mejor amigo de Egipto. (La Unión Soviética y Egipto fueron estrechos aliados de 1953 a 1973). Putin no toca por primera vez fibras sensibles de la época soviética para lograr ventajas políticas. Hizo que se volviera a utilizar el himno nacional soviético y genialmente condenó el colapso de la Unión Soviética en las celebraciones del 60 aniversario del 9 de mayo en 2005 como “la mayor catástrofe geopolítica del siglo”.

El profesor Alexandre Strokanov del Lyndon State College señala otro aniversario que asusta a los políticos rusos –el vigésimo aniversario de la destrucción/colapso de la Unión Soviética-. “Los últimos 20 años probaron de un modo bastante evidente que los modelos políticos y socio-económicos elegidos a principios de los años noventa para Rusia y otros Estados post soviéticos fracasaron miserablemente, y solo causaron deterioro y degradación en todos los aspectos de la vida.”

¿Será que el Frente Popular pretende defender este estado lamentable de la situación neoliberal? ¿Reforzará el tándem Putin-Medvedev en la preparación para las elecciones parlamentaria de diciembre de 2011 y presidencial de marzo de 2012? Que haya sido Putin el que tomó esta iniciativa muestra que sigue siendo la espina dorsal del actual orden político. El anuncio algo después de la aparición de auténticos frentes populares en el mundo árabe es significativo.

Otro evento notable es la reciente inscripción del Congreso de Comunidades Rusas, una organización de nacionalistas rusos moderados fundada y ahora “dirigida espiritualmente” por el carismático Dmitri Rogozin. Algunos observadores creen que la cooperación del frente de Putin en un nuevo tándem con los nacionalistas moderados de Rogozin tiene la intención de debilitar a los nacionalistas. Tal como el sentimiento nacional fue un factor clave para lograr el éxito del cambio político radical en Egipto en febrero, el nacionalismo ruso representa ahora la fuerza más vigorosa que exige un cambio.

En Egipto, nacionalistas, socialistas y la Hermandad Musulmana aseguraron el éxito de la revolución en febrero. Rusia tiene una confluencia diferente de fuerzas políticas. La religión tiene un papel mucho más débil. El nacionalismo, más su tradición comunista, deben constituir la inspiración de un frente verdaderamente popular para revitalizar la política rusa.

Putin quiere presentarse como nacionalista después de haber restaurado un cierto grado de dignidad a Rusia disminuida por su aceptación de Occidente, pero fuera de eso solo ha hecho cambios cosméticos en la última década, al dejar en su sitio a los oligarcas (por lo menos los políticamente aceptables). La introducción de una cara liberal, representada por Medvedev, para acomodarse mejor a Occidente, ha sido menos que un gran éxito, y las fuerzas contrarias a Putin recobran fuerzas, pero desde la derecha, en lugar de los desdeñados liberales rusos.

Esos liberales advierten de que Putin está reforzando la tendencia antidemocrática de la última década, y vuelve al estilo político de los días de la Unión Soviética. Pero ignoran el hecho de que la unidad social forzada del pasado se basaba en una ideología muy real de relativa igualdad social, y de desarrollo económico que aseguraba puestos de trabajo y bienes a la población en general (aunque carentes de embalaje atractivo). Es algo que Rusia Unida no puede prometer, ya que la economía depende de los caprichos del mercado y de un orden social occidental menos que benévolo. La corrupción post soviética es mucho peor desde todo punto de vista, y los “déficit” de tiempos soviéticos han sido reemplazados por bolsillos vacíos para la mayoría de los ciudadanos.

Las únicas verdaderas alternativas para los rusos ante el actual marasmo neoliberal son los comunistas –si logran transmitir su mensaje– o los nacionalistas. Putin simplemente no puede obligar a la economía a servir las necesidades de la gente, ya que tiene obligaciones con los oligarcas y mafiosos locales y sus aliados en el extranjero, representados por Rusia Unida y él mismo –a pesar de todas sus posibles buenas intenciones-.

El dilema parece ligeramente diferente al de Egipto en los preparativos para las elecciones de septiembre y noviembre. En Egipto, todos están ahora orgullosos de ser egipcios, de modo que la diferencia es más rigurosa entre continuidad con el sistema neoliberal legado por Anwar Sadat y Hosni Mubarak (Amr Moussa y Mohamed ElBaradei) y la alternativa socialista (Hamdeen Sabahi con Karama, su partido nasserista).

El control de hacia dónde vaya Egipto ahora depende de los Hermanos Musulmanes y su Partido Libertad y Justicia. Si en noviembre vence el candidato presidencial capitalista o socialista dependerá de quién reciba el apoyo de los Hermanos Musulmanes (HM). Asimismo, la dirección en la cual se moverá la sociedad egipcia depende de la facción que apoyen los HM en el nuevo parlamento. Si los HM se ponen de parte de los capitalistas, sería una réplica del actual intento de Putin de atraer a los nacionalistas a su Frente Popular, lo que significaría que la dinámica subyacente en los hechos es la misma y que la revolución en Egipto se paralizará.

Pero incluso si la izquierda de Egipto triunfa, aliada con los HM, las perspectivas son sombrías. Obama ha ofrecido “generosamente” perdonar a Egipto unos increíbles mil millones de dólares de su deuda y le ofreció otros mil millones a fin de “trabajar con nuestros socios egipcios en la inversión de esos recursos pra promocionar el crecimiento y a los emprendedores”. ¿Por qué, se podría preguntar, permitió el ahora farisaico EE.UU. que el régimen desaforadamente corrupto de Mubarak contrajera esa “deuda” para comenzar? Obama también ha propuesto que el Banco Mundial y el FMI preparen un plan “para promover la reforma e integrar mercados competitivos entre ellos y con la economía global”. Este lenguaje neoliberal se puede traducir aproximadamente como “imposición” o mejor aún “chantaje”. Es obvio lo que sucederá con esa generosa ayuda financiera si Egipto decide oponerse a las prescripciones de EE.UU. para su economía interior y su “extranjero cercano”. Basta con preguntarle a Putin.

Antes de la revolución numerosos egipcios –nacionalistas, socialistas y musulmanes– pedían el fin de la ayuda de EE.UU. y del imperialismo estadounidense. Esa gente tiene una pequeña posibilidad de llevar a Egipto a un camino de justicia social tanto en el interior como en su política exterior. Si triunfan en las tan esperadas elecciones en septiembre y noviembre en Egipto, los comunistas de Rusia conseguirán un gran impulso cuando Rusia vaya a por su parte a las urnas. Apenas pueden contar con una victoria en una de esas elecciones en Rusia, pero si pueden trabajar con fuerzas nacionalistas, podrían ser el núcleo del verdadero Frente Popular que quisieran representar Putin y Rusia Unida.

martes, 10 de mayo de 2011

'LAS GRULLAS', EL HIMNO A TODOS LOS FALLECIDOS

10 de mayo de 2011. AG.- El vuelo de las grullas y su grito es asociado por los poetas con el encuentro y la despedida, el dolor por la patria. La canción 'Las grullas' está dedicada a los fallecidos en las batallas feroces de la 'Gran Guerra Patria'. El poeta de la República de Dagestán Rasul Gamzátov creó su primera versión sobre los así llamados 'dzhigitos', hábiles jinetes del Cáucaso, pero el cantante destacado Marc Bernés le pidió el permiso cambiarlos por 'soldados', “lo que convertía la obra no en la de Dagestán, sino de toda la URSS, de toda humanidad”, recuerda Gamzátov.

En la canción trata de que al poeta le parece que los soldados que no volvieron de los campos de batalla, no estaban enterrados, sino se convirtieron en grullas. Y hasta estos días vuelan y nos avisan por sus gritos. Y por eso, supone el poeta, es frecuente que la gente se calme, al verlas en el cielo. El poeta ve un intervalo pequeño entre los pájaros y admite que es para él mismo. Y concluye que un día va a volar con la bánda de estos pájaros y va a gritar como las grullas desde cielo a todos aquellos que dejó en tierra.

Rasul Gamzátov destaca que hoy en día la canción a los fallecidos en la 'Gran Guerra Pátria' homenajea a todos los fallecidos en las guerras, incluido a los fascistas caídos. En un artículo de 1990 en su blog oficial lo explica así:


“Esto fue durante el conflicto en Afganistán. Estaba con mis amigos en un restaurante en Moscú y me trajeron una nota de los desconocidos de otra mesa del restaurante, que preguntaban si iba a escribir alguna canción parecida a ‘Las Grullas’, pero dedicada a los jóvenes muertos en la tierra de Afganistán. Les respondí que mis ‘grullas’ es también sobre ellos, y, aunque ‘Las Grullas’ fueron escritas antes, los nombres de los soldados de Afganistán también suenan en las voces de mis pájaros. Las grullas blancas vuelan a todos los continentes y gritan los nombres de los caídos. Les puede encontrar en Irán y Nicaragua, Chile y Perú, Georgia y Lithuania, en todos países. Pero esto no significa que la canción pierda su dedicación a los fallecidos en aquella terrible contienda.

Cuando estaba en Viena, miraba con sorpresa cómo los marineros de nuestro buque ponían las flores a las tumbas de los oficiales marineros de Austria, quienes luchaban contra nosotros. Y en Alemania cuidan las tumbas de nuestros soldados lo mismo como a los suyos. Tenía un disconforme al ver como el presidente Reagan durante su visita en Alemania, ponía las flores a las tumbas de los soldados alemanes quienes llevaron tanto dolor a mi patria. 

Pero con los años llegó al entendimiento que los jóvenes soldados fueron las víctimas de engaño y la mentira. Sus vidas, destinadas para los hechos dignos, para amor y bondad, fueron manchados y profanados por la sugestión de maldad y envidia hacia los hombres del planeta, iguales como ellos, pero con diferentes canciones, música y lengua. El grito de mis grullas de la canción, convoca al perdón absoluto porque el luto lo llevan las madres de todos fallecidos. 

Y si me preguntan dónde está mi patriotismo y la ofensa por la tierra quemada, puedo decir que también me hago esa pregunta a mí mismo. Claro que el grito de las cornejas negras, nuestros entonces enemigos, nunca van a gritar como las grullas. Pero si vamos dividir a los muertos, fallecidos en las grullas y cornejas, si cada uno va a ver el mundo solo entre las astas de su propio toro, nunca conseguiremos en nuestro planeta frágil la paz y amor entre nosotros. 

Cada uno de nosotros debe responder por todo el mundo. Garantizo que la maldad y la venganza no pueden ayudar en este caso. Y mis grullas de la canción no llaman a la venganza.



Articulo completo en:http://actualidad.rt.com/actualidad/rusia/victoria/historia/issue_8293.html

LAS HAZAÑAS OLVIDADAS

10 de mayo de 2011. AG.- Varios son los países donde no todos los que se sacrificaron para liberar al mundo del fascismo reciben agradecimientos de sus descendientes. 
En Ucrania, que fue una de las mayores víctimas de las atrocidades hitlerianas, la guerra sigue provocando enconadas polémicas.

Al lado de la llama eterna erigida en memoria de los cientos de miles de soldados soviéticos que perdieron la vida liberando a Ucrania, el ex presidente del país, Víktor Yúschenko, mandó levantar un obelisco en forma de una candela ardiente para conmemorar a las personas muertas por la falta de alimentos de los años 30 del siglo XX.

Muchos lo consideraron como una provocación, ya que las autoridades ucranianas por aquel entonces afirmaban que la hambruna se había orquestado desde el Kremlin. Sin embargo, la decisión que más ofendió a los veteranos fue la de declarar a los líderes del movimiento ultra nacionalista Ejército Insurgente  Ucraniano (UPA, por sus siglas en ucraniano), héroes nacionales.

"Las tropas del UPA mataban a médicos y profesores que Moscú había enviado para reconstruir Ucrania Occidental. Hacían explotar los trenes en los que los soldados soviéticos iban a liberar a Europa. Pero ahora se glorifica a estos nazis humillando a los veteranos del Ejército Rojo y a todos los  que combatieron con ellos", cuenta Víktor Malevanniy, líder de la Fundación de los Veteranos de Kiev.

Inicialmente, el UPA se formó para luchar contra la invasión nazi, pero posteriormente empezó a colaborar con los alemanes contra el Ejército Rojo. Se le acusa de asesinar a miles de rusos y judíos en Ucrania Occidental. A menudo, haciéndolo de manera brutal.

Iván Ondryushko reveló los recuerdos de su participación en acciones del UPA. "Era un guardabosques. Sabíamos que su mujer estaba relacionada con los soviéticos. Entonces le atrapamos y le pusimos en el pecho un cartel: 'Por haber traicionado al pueblo ucraniano'. Luego le colgamos", recordó.

Durante la campaña electoral, Víktor Yanukóvich prometió revisar las decisiones de Yúschenko y, eventualmente, revocarlas. Sin embargo, algunos expertos consideran que no querrá irritar a una parte de la población del país que apoya al UPA.

Otro país donde el Día de la Victoria causa numerosas controversias, es Lituania.

Piotr Zubrik, veterano de la Segunda Guerra Mundial, al salir de su casa en la capital lituana, Vilna, cada 9 de mayo, se pone un abrigo incluso si no hace frío. "Me veo obligado a esconder mis medallas. Si no, me pueden atacar. Una vez un adolescente me pegó en la cara rompiéndome una ceja", confesó.

Piotr no llega a entender por qué en el país que liberó de los nazis, sus medallas, consideradas como un símbolo soviético, están mal vistas. A diferencia de Moscú u otras capitales del espacio postsoviético, en Vilna, en el día de la Victoria no habrá desfiles militares. Por primera vez, tras varias protestas de las organizaciones de veteranos locales, este año las autoridades permitirán a los viejos luchadores recorrer la principal calle de la ciudad hacia el cementerio en el que van a depositar coronas de flores.

Irene Dyagutene, presidente del Parlamento de Lituania, no ve razonable la idea de que se efectúen estos desfiles. "Respeto a los veteranos, pero no creo que se deban organizar desfiles este día. Pueden celebrarlo de otra manera", dijo.

Esta situación es típica para los países bálticos. Durante la invasión nazi, allí una parte de la población colaboró con los alemanes. Ahora, algunos de ellos se oponen a la celebración del 9 de mayo.

Sin embargo, a pesar de todas las discrepancias políticas, para los que vivieron en persona los horrores de la guerra, el 9 de mayo sigue siendo un día de conmemoración.


Articulo completo en:http://actualidad.rt.com/actualidad/rusia/victoria/issue_8287.html

La última voluntad del pueblo soviético

10 de mayo de 2011. Fiodor Lukiánov.- Hace 20 años, el 17 de marzo de 1991, los ciudadanos de la URSS votaron en el referendo por mayoría aplastada (76,6%) a favor de “la conservación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, como una federación renovada de repúblicas soberanas” (plebiscito no se celebró en los Países Bálticos, Georgia, Armenia, y Moldavia). El único en la historia soviética referendo fue un intento desesperado del centro federal para detener la desintegración del estado apelando directamente a la voluntad del pueblo.


Irónicamente, meses más tarde la URSS se desmoronó precisamente por la voluntad del pueblo: el 1 de diciembre más del 90% de ucranianos apoyaron la idea de independencia, aunque en marzo más del 70% de ellos se manifestó a favor de un estado unido. Al separarse la segunda república más importante, todo se acabó. Una semana más tarde el mundo oyó sobre el Tratado de Belovezh firmado por los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia, que declaró la disolución oficial de la URSS estableciendo en su lugar la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

El plebiscito se considera una forma superior de la democracia directa. Quizás, en la pequeña Suiza, donde la población decide sobre cualquier cuestión política o administrativa, es así. Pero en cualquier sociedad políticamente inestable y democráticamente inmadura el referendo no es una manifestación de los deseos de los ciudadanos, sino una herramienta para una intriga política y manipulación aun más explícita que la que suele observarse algunos comicios.

La votación sobre la conservación de la URSS fue un elemento de una lucha reñida que emprendieron las autoridades federales contra las élites de las repúblicas, ante todo contra la autoridad de Rusia liderada por Boris Yeltsin quien hábilmente arrebató el éxito del Kremlin al proponer aquel mismo día a la población de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR) la creación del cargo de su propio presidente (más del 71% votaron “ a favor”).

De esta manera, fue creado un centro de poder alternativo que al fin y al cabo liquidó a su rival. En otras palabras, los ciudadanos de Rusia se proclamaron al mismo tiempo por dos guiones opuestos, siendo las dos votaciones libres y legítimas.

Posteriormente, fueron convocados varios referendos en el espacio postsoviético. Pero siempre sirvieron para afianzar y prolongar los poderes de mandatarios autoritarios (Bielorrusia, Kazajistán, Uzbekistán, Tayikistán, Azerbaiyán) o llevaron a agravar el proceso político como en Rusia en marzo de 1993 cuando Yelstin convocó el referendo sobre la confianza del pueblo a él y sobre la aprobación de una nueva Constitución que le confirió poderes muy amplios.

Así, los eventos violentos en Moscú de octubre de 1993 en el curso del contencioso entre el presidente y el parlamento fueron resultado, en parte, de que la voluntad del pueblo proclamada en primavera agudizó el conflicto de legitimidad y agravó el problema de la dualidad de poderes.

En marzo de 1991 ya fue imposible conservar el país. Su desintegración no fue provocada por los referendos, claro está. Pero esta experiencia permite sacar una conclusión curiosa. Los referendos llegan a convertirse o en atributos de regímenes que no tienen nada que ver con la democracia, o son medio de élites débiles que no quieren o son incapaces de asumir la responsabilidad por sus decisiones.

La historia no puede retroceder, pero es interesante reflexionar si hubo posibilidad de crear una renovada Unión de Repúblicas Soberanas como fue previsto por los resultados del plebiscito. Creo que esta posibilidad existió hasta el golpe de estado de 1991. Pero es poco probable que aquella unión hubiera parado el proceso de desintegración que ya iba acelerando a todo vapor. La Unión de repúblicas soberanas habría sido una etapa intermediaria de la redistribución del poder a favor de las repúblicas, siendo el mismo el resultado. La unión estaba condenada a colapso, porque la voluntad de los líderes por obtener poderes no era posible detenerla con medidas paliativas.

Sin embargo, si el tratado de la unión cuya firma fue prevista para el agosto de 1991 hubiera sido firmado, el carácter y, lo más importante, las consecuencias el colapso de la URSS habrían sido menos dramáticos. Las élites locales habrían obtenido el mecanismo del “divorcio civilizado” paulatino que crearon entonces de prisa llamándolo la CEI. Por lo consiguiente, la calidad de esta herramienta habría sido más alta y los pueblos habrían pagado un precio menor por la desintegración del país unido. Pero es que el precio que pagó la gente lo fijaron los políticos que no repararon en nada por obtener su propio premio.

A partir del 17 de marzo de 1991 desapareció una comunidad llamada “el pueblo soviético”. Pero su última voluntad, expuesta en el referendo sobre la conservación de la URSS, nadie la cumplió.